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Instituto
Profesional
Carlos
Casanueva |
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A diferencia de los que ocurría antaño, ya no
es posible concebir lo laboral y lo familiar como instancias
separadas y divergentes. La realidad demuestra que se trata de
planos convergentes e interdependientes, esenciales para
configurar una calidad de vida integral para los seres humanos.
Hoy hay consenso que un trabajador eficiente y
productivo, comprometido con su empresa, con bajas tasas de
ausentismo y que disminuye al máximo el riesgo de accidentes
laborales, es una persona que, necesariamente, ha establecido
relaciones familiares estables, maduras y equilibradas, goza de
una salud física y mental satisfactoria y tiene una claridad
razonable sobre el sentido y las metas de su proyecto de vida.
De ahí que, mejorar la Calidad de Vida
Integral de los trabajadores, modificando sus conductas negativas
extralaborales y contribuyendo a un proceso de crecimiento
personal y de consolidación de los valores familiares, es el
mejor camino para asegurar y profundizar una alianza estratégica,
que es básica en el desarrollo de la Empresa.
NO SOLO DE PAN...
Vivimos una época extremadamente materialista,
en que, a menudo, todos los huevos se ponen en la canasta del
Tener. En principio, ello parece bastante lógico. Si tengo mayor
cantidad de bienes, mi vida es más cómoda y feliz.
Desgraciadamente, esta lógica, en apariencia
tan impecable, tiene sus flaquezas. Así lo hemos podido
constatar, reiteradamente, los relatores del Instituto Profesional
Carlos Casanueva, en nuestro trabajo de Capacitación en Empresas,
en las distintas áreas relacionadas con la Calidad de Vida.
La armonía y el equilibrio son fundamentales
en todas las actividades humanas. De esta premisa, no está exento
el desafío que significa llegar a una Calidad de Vida Integral.
De acuerdo a nuestra experiencia, el concepto es transversal a los
tres verbos claves de la existencia humana. No sólo el Tener,
sino también el Hacer y el Ser. Si uno de ellos se dispara, en
desmedro de los demás, se produce un desequilibrio que, lejos de
generar Calidad de Vida, se traduce en tensiones, conflictos e
infelicidad.
Tener bienes no merece reparos. El problema es
para qué tenemos esos bienes y cuales son los riesgos que
significa adquirirlos.
Es necesario que los seres humanos tengamos
claridad en nuestros valores. ¿Qué queremos hacer con nuestra
vida, para qué vivimos, cuál es mi felicidad y la de mi familia?
No son preguntas ociosas, ni inútiles. Sin un Proyecto de Vida
claro y coherente, andaremos a tumbos y los bienes materiales no
significarán solución alguna para el desafío de existir.
Otro tanto ocurre con el Hacer. El trabajo no
es solamente una "pega", que nos proporciona recursos
para satisfacer nuestras necesidades. El trabajo nos da una
dignidad, que pasa por el cumplimiento de una vocación. De lo
contrario, más que un ser humano, me transformo en un
"ganapan". El Padre Alberto Hurtado sostenía, en un
juego de palabras sobrecogedor: "Quién no vive para servir,
no sirve para vivir."
Mi compromiso con mi trabajo pasa por ahí. Dos
personas pueden estar haciendo lo mismo, pero su actitud frente al
trabajo hace la diferencia. Como la historia de aquellos dos
picapedreros, a quiénes interroga un forastero respecto a su
quehacer. El primero le dice, algo molesto: "No lo ve, aquí
estoy, picando piedras" El otro responde: "Estoy
construyendo catedrales" Estaban haciendo lo mismo, pero la
diferencia era inconmensurable. Ojalá nosotros construyamos
catedrales...
HACIA UNA CALIDAD DE VIDA INTEGRAL
Como se ve, el desafío es como la rosa de los
vientos, avanza en todas las direcciones. La calidad de vida
integral, quizás otra manera, más concreta y explícita, de
decir felicidad, atraviesa el tener, el hacer y el ser.
Esto es cada vez más claro para el mundo
laboral. Los trabajadores no son tornillos de una máquina, son
personas, con todo lo que eso significa. No es una casualidad
semántica, que hoy se hable de recursos humanos en las empresas.
La productividad, la optimización del proceso
productivo es, por cierto, conceptos legítimos y preocupaciones
prioritarias de quiénes velan por las empresas. Pero ello sólo
se logrará con una alianza estratégica con los trabajadores, en
la medida en que ambos apunten a generar y sostener en el tiempo
una Calidad de Vida Integral.
Ahí es donde cobra relevancia el Proyecto de
Vida, la jerarquización valórica, el sentido profundo del
trabajo. Mi profesión, mi oficio es, por cierto, mi fuente de
recursos, pero es, también, algo que le da sentido a mi vida, que
me compromete conmigo mismo, con mi empresa y con la Sociedad.
En esa perspectiva, ya no es insólito ni
novedoso aspirar siempre a mejorar la calidad de vida.
Integralmente, en el tener, el hacer y, sobre todo, en el ser.
Fernando Barraza D.
Periodista y
Educador (U. de Chile)
Académico y Relator
del Instituto Profesional Carlos Casanueva
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