RECURSOS HUMANOS Y CAPACITACION

LA CAPACITACIÓN COMO ÁMBITO PRIVILEGIADO PARA ESTABLECER ALIANZAS ESTRATÉGICAS AL INTERIOR DE LAS EMPRESAS

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Artículo preparado por el equipo de ASIMET Capacitación

Las relaciones laborales tienden crecientemente a reflejar las condiciones de un escenario marcado por la globalización económica, la innovación tecnológica permanente y acelerada, las crecientes exigencias de competitividad que se afrontan a nivel de las economías nacionales, sectores productivos y empresas individuales y, por último, la incertidumbre que resulta de mercados cada vez más dinámicos.

Este escenario crea la necesidad de que trabajadores y empresas intensifiquen esfuerzos para que las relaciones laborales centren su foco cada vez más en la cooperación y se minimicen los espacios de conflicto. La premisa central de esta cooperación es que, más que nunca, empresas y trabajadores se necesitan mutuamente, que el éxito de las primeras coincide con el bienestar de los segundos. 

Más aún, la calidad de las relaciones laborales ha pasado a constituir un factor estratégico de competitividad: empresas con relaciones laborales basadas en la confianza y la lealtad, resultan finalmente imbatibles ante las vicisitudes del mercado, pues son capaces de adaptarse con flexibilidad para tomar las nuevas oportunidades que éste genera. Relaciones laborales caracterizadas por el conflicto y la deslealtad, están en la base de enormes energías desperdiciadas en el manejo de esos conflictos, en el desarrollo de estrategias defensivas y en la inhibición de las capacidades de creatividad e innovación. Tarde o temprano, estas prácticas terminan en pérdidas de capital de sus propietarios y desempleo de sus trabajadores.

La indesmentible necesidad de un clima de cooperación, nos pone frente a uno de los principales axiomas de la nueva economía: las mejores empresas, competitivas y rentables, son aquellas que están constituídas por las mejores personas, es decir, por trabajadores y gerentes que desarrollan su trabajo con excelencia, pero que además y sobre todo, están dotadas de actitudes y valores como la responsabilidad, la autoconfianza, la honestidad, la creatividad y la capacidad de comunicación, entre otros.

De lo anterior se desprende que la formación técnica, intelectual y valórica de dirigentes y trabajadores, constituye una herramienta estratégica para el desarrollo de las empresas y para elevar la calidad de vida de los trabajadores y sus familias. En efecto, el emergente "paradigma de la competencias", donde al "saber hacer" se suma la necesidad de un "saber" y de un "saber ser", ha transformado a la capacitación y la formación en general, en un imperativo para el logro de competitividad de las empresas y para el objetivo de empleabilidad de los trabajadores.

La inversión en el desarrollo de habilidades y competencias se ha transformado, en las economías desarrolladas, en el principal elemento competitivo, llegando a escenarios en los que, en promedio, un trabajador se capacita cada 2 o 2,5 años. Asimismo, las negociaciones colectivas han llegado a situar como máxima prioridad el desarrollo de planes y programas de capacitación.

La situación chilena dista mucho respecto a la que acabamos de describir. Aun no logramos que un trabajador se capacite, en promedio, cada 10 años, a pesar de contar con un sistema flexible y expedito de subsidios del Estado con este fin.

La experiencia internacional es categórica para mostrar las ventajas de establecer una alianza entre la dirección de las empresas y los representantes de los trabajadores orientada a intensificar la inversión en formación y capacitación laboral, compartiendo ambas instancias el postulado de que éste es un ámbito privilegiado para potenciar un escenario donde primen las relaciones de cooperación entre empresarios y trabajadores.

En esta línea, es posible concebir un Programa, con el que ambas partes se comprometan, cuya orientación central esté dirigida a valorizar al trabajador y a sus familias en sus habilidades laborales, en sus capacidades de interlocución con la empresa y en su calidad de vida. Los objetivos de impacto de un Programa de esta naturaleza pueden ser:

1. Intensificación y optimización del impacto de la inversión en capacitación técnica, de modo que la formación contínua se constituya en un eje estratégico para el logro de mejores posiciones competitivas de las empresas y, por otro lado, en el principal vehículo para aumentar la empleabilidad de los trabajadores.

2. Desarrollar actividades de formación orientadas a profesionalizar las relaciones laborales, ampliando el acceso de dirigentes sindicales a una formación de excelencia, a través de la cual se valide como interlocutor efectivo frente a la contraparte empresarial y profundice un estilo de dirigencia basado en el profesionalismo, la responsabilidad y la visión de futuro.

3. Desarrollar experiencias de formación/capacitación que apunten a mejorar la calidad de vida de los trabajadores del sector, asumiendo que su realidad familiar es el espacio fundamental desde donde se construye su bienestar y sus posibilidades de desarrollo personal y social.

La experiencia acumulada por la Corporación de Capacitación de ASIMET asesorando empresas en el desarrollo de este tipo de iniciativas, nos permite garantizar una elevada rentabilidad en términos de productividad, calidad de vida y compromiso de los trabajadores con el éxito de su empresa.